Volver a la lista

Cuando la respuesta es confiar

Autor: Carolina Rada - Categoría: Espiritualidad - 5 min.

No sé si les pasa, pero a veces necesitamos que Dios nos diga las cosas veinte veces antes de que nos las creamos o las entendamos. Queremos respuestas, pero no nos gustan sus respuestas, o no las escuchamos o creemos, o nos sordeamos. Él sabe que lo necesitamos, nos conoce, es paciente, y persistente. Él no se cansa de buscarnos, de hablarnos, de conquistarnos. Hoy les quiero compartir un poco de lo que he estado reflexionando y orando últimamente, y espero sea de provecho también para ustedes. Quizás este blog sea una de esas 20 veces que Dios te dice lo mismo, jajaja, o quizás es la primera. Independientemente, oro por ti, para que el Espíritu hable a tu corazón lo que Él sabe que necesitas leer.


En las últimas semanas he estado tratando de descubrir qué es lo que Dios me pide, qué debo hacer, cuál es su voluntad. Una y otra vez, en reflexiones, pláticas, conversaciones, posts en redes sociales y en la oración, el Señor sólo me pide que confíe en Él. Al principio lo entendí y acepté como una verdad obvia, “claro, Señor, ya sé que tengo que confiar en ti, confío en ti, ayúdame a confiar, pero ¿qué más hago?” Y una y otra vez el sólo me dice “confía”. En cierto punto, esto también me desesperaba, pues ¿qué tengo que hacer para confiar? ¿cómo se hace eso? En mi mente sólo quería respuestas, soluciones, hacer, hacer.


Poco a poco, en oración, el Señor fue mostrándome la verdad. Que yo seguía (y sigo) queriendo controlar todo, que yo seguía sin soltar y seguía (y sigo) confiando más en mi misma que en Él. Quizás esto también te ha pasado a ti, y es que es tan difícil a veces. Humildad, pobreza de espíritu, es lo que resonaba en mi corazón. 


Inevitablemente también el Espíritu dirigió mi mirada a María. María, mi madre, la mujer más humilde y pura, la Inmaculada. María, la que toda su vida estuvo unida a Dios, la que tenía confianza plena en Él, la que se abandonaba siempre en los brazos de su Padre, pues sabía y creía con certeza que Dios la amaba. María, la que con humildad y confianza, tenía un corazón abierto y receptivo para acoger todas las gracias que Dios quería derramar en ella, todo el amor. La que gozaba de la comunión plena con la Trinidad. 


¡Cuánto mi corazón arde al contemplar esta maravilla, cuánto mi corazón desea y anhela profundamente esta comunión, este descanso en los brazos del Padre, esta paz y plenitud de amor, esa de la que goza María! Pero cuánto también batallo tanto en confiar plenamente en Él, en abrirme a acoger sus dones, su amor, su plan. 


La mayoría de las veces lo primero o más importante que Dios nos pide es confiar. Confiar en su amor infinito e incondicional, en su voluntad, en su tiempo, en el proceso que tiene para cada uno. He descubierto y profundizado cada vez más que primero tenemos que creernos y confiar en su amor. ¿Qué implica esto? el amor de Dios es su donación a nosotros, es que quiere nuestro mayor bien, nuestra felicidad. ¿Por qué batallamos tanto en confiar que así es? ¿Por qué seguimos confiando en que nosotros tenemos las respuestas y soluciones para estar tranquilos y plenos? Necesitamos esa humildad de María, reconocernos pequeños, ser como niños que sencillamente confían en su Padre. 


Aunque no nos guste, a veces la respuesta es soltar, confiar, y ser pacientes. Soltar la ansiedad del futuro, el peso o preocupación del pasado, soltar el miedo, soltar mis deseos, soltar la mentira de que tenemos que hacer algo para ganar su amor, soltar la falsa seguridad de que puedo solo, la falsa humildad.


Y esto es algo que sólo se puede vivir, con la gracia de Dios y nuestra disposición, en oración. Pídele que te enseñe a confiar, que quite los obstáculos o barreras en tu interior que te impiden confiar y aceptar su amor incondicional. Pide que te dé lo que necesitas. Y recuerda que, Él es el que tiene la iniciativa, Él primero nos está buscando, conquistando. Él es un enamorado de ti. Él es el que nos quiere llenar y sanar con su amor, y nosotros sólo tenemos que dejarnos. Confía que Él quiere actuar en ti, y que te mostrará el camino en su tiempo, que te acompaña en cada paso del camino, por más lento que parezca o por más en silencio parezca estar. Te invito a llevar a la oración lo que Dios te haya inspirado o movido mientras leías este blog; medítalo con calma y apertura, y deja que Dios te hable, consuele, sane, y muestre su verdad. “Las ideas no se comprenden hasta que se viven”.


Si hay algo de lo que estoy segura es que Dios me ama, y que cuanto más confío en Él, cuanto más pongo en Él mi seguridad, cuanto más me abandono y descanso en su corazón, más paz experimento, más alegría. Y por tanto, cuanto más confío, más dócil puedo ser a sus inspiraciones, corresponderle a su infinito amor por mí, con su gracia, y unir mi voluntad a la suya, en comunión de amor. Me falta mucho para confiar plenamente en Él. Todavía no tengo todas las respuestas que quisiera, pero sé que si tomo su mano Él me guía paso a paso. Ese es el camino de nuestra vida, un camino de continuo abandono en su amor, una continua renuncia a mi y un continuo confiar en Él en cada momento. CONFÍA.


María, intercede por nosotros, guíanos, ayúdanos a confiar como tú.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

Tip final: te dejo aquí el link de las Letanías de confianza, ora con ellas, deja que Dios penetre en tu corazón con su verdad.

Publicado: 17/06/2020


Acerca del Autor

...
Carolina Rada

Formadora de DIEC Fuego
Aprendiendo a amar más y mejor cada día.
¡Todo por ti Jesús!
La Inmaculada nunca falla.

Volver a la lista