Dudando y Creyendo a la vez

“Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Heb 11, 1). Por lo tanto, ¿está “bien” cuestionar nuestra fe?
No es un viaje fácil el camino de la fe, especialmente navegando en el mundo actual. Estamos propensos a caer y enfrentar algunos baches en el camino, que se presentan en forma de dudas. Cuando estas aparecen, muchos de nosotros nos sentimos culpables, desanimados o incluso asustados.
Al hablar de esto con el P. Daniel Villarreal, me dijo que existen dos vertientes de la fe: (1) La creencia en las verdades, y cómo aceptarlas desde el intelecto, la imaginación y el corazón, en ese orden; y (2) la confianza en Dios. A veces cuando surgen dudas, nos ponemos en esa búsqueda por comprender cada vez más profundamente las verdades reveladas de la fe. Sin embargo, es importante tampoco descartar la fe como esa confianza personal en Dios, en donde tomamos decisiones basadas en esa confianza, aunque a veces no entendamos plenamente lo que sentimos, experimentamos y/o analizamos.
Así que la pregunta del inicio: ¿está “bien” cuestionar nuestra fe?, hay que contestarla desde estas dos vertientes…
¿Te han surgido dudas? No te preocupes, aunque las dudas pueden dar miedo, son normales y en realidad pueden ser de gran ayuda para fortalecer tu fe.
Lo primero que hay que entender es que la duda no es lo mismo que la incredulidad. A menudo nos sentimos culpables por permitir que surjan dudas en nuestras mentes, especialmente si se trata de algo en lo que pensamos que teníamos una fe fuerte. La incredulidad es una mentalidad de "Esto no es cierto", mientras que la duda es una pregunta: "¿Qué pasa si las cosas que creo no son ciertas?"
Por supuesto, la duda puede conducir a la incredulidad, pero también puede conducir a una fe más fuerte. Todo depende de cómo reaccionas cuando surgen esos pensamientos y aquí toma un papel muy importante tu voluntad. La voluntad en la fe la describe San Agustín de la siguiente manera: “credere non potest nisi volens —no se puede creer si no se quiere—”. Santo Tomás de Aquino también hace énfasis en la unión entre voluntad y pensamiento al decir que “la fe es retener por seguramente verdaderas ciertas afirmaciones intelectuales, bajo el influjo y la adhesión de la voluntad”. La fe no es una cuestión de sentimientos, sino una decisión.
La duda pone a prueba tu fe, te obliga a la acción. A nadie le gusta que los pensamientos de duda permanezcan, por lo que se te impulsa a averiguar definitivamente si algo es cierto o no. A veces la fe necesita ser examinada, explorada y abrazada a través de nuestras dudas. Esas preguntas que vienen junto a las dudas piden ser respondidas, y el viaje para encontrar las respuestas es una construcción de fe.
La búsqueda de evidencia como expresión de fe
A menudo se considera que la fe tiene una relación tensa con la evidencia. Pero esto no tiene por qué ser así. Tradicionalmente, Job es considerado como un modelo de fe, sin embargo, él demanda una explicación de Dios por el sufrimiento extremo que Dios ha permitido que le sobrevenga. De hecho, Job exige esto bajo pena de cuestionar la justicia y la bondad de Dios. Además de ser un torrente de su dolor e ira, esta demanda tiene el aspecto de una búsqueda de evidencia adicional sobre estas características de Dios.
La búsqueda de evidencia de Job es una expresión de fe porque muestra lo que Dios, si es verdaderamente justo y bueno, vale para Job. Es un riesgo que Job asume con fe. Sin embargo, aún se podría objetar que la fe de Job sería más loable si pudiera sostenerla sin evidencia adicional. Por ejemplo, en Juan 20, 25–29, Tomás duda que el hombre que le habla sea el Cristo resucitado hasta que Jesús revele sus heridas. Tomás luego cree, pero Jesús dice: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron".
Entonces, ¿es más loable una fe “ciega” que una que busca evidencias?
Muchos piensan que dudar es imperdonable. Pero no lo es. En realidad, Dios no nos condena cuando le cuestionamos. Un gran ejemplo bíblico de esto es Juan el Bautista. Si alguien en la historia podía estar absolutamente seguro de quién era Jesús, era Juan el Bautista. Él fue quien señaló a Jesús y dijo: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Es el que bautizó a Jesús y vio los cielos abrirse y escuchó la voz de Dios que decía: "Este es Mi Hijo, en quien tengo Mis complacencias". Es quien señaló a Jesucristo y dijo: "He visto y testifico que este es el Hijo de Dios".
Tenía una fe increíble. ¿Pero qué pasa? Lo arrestan. Lo meten a la cárcel. Comienzan las dudas, ahora no está tan seguro. ¿Es Jesús realmente quién dice ser? ¿O deberíamos estar buscando a alguien más? Entonces, para resolver esto, envía a dos de sus discípulos para que vayan a ver a Jesús y Le pregunten: “¿Eres el Mesías? ¿Eres tú el que hemos estado esperando para rescatar al mundo? ¿O deberíamos buscar en otro lado?” (Lc 7, 19).
Es muy interesante la reacción de Jesús cuando le hacen estas preguntas. Acaso Jesús dice: “¿Qué le pasa a Juan? Si alguien sabe quién soy, ¡es él! ". ¿Acaso lo critica o lo descalifica de algún modo? No.
La Biblia dice: “Y Jesús respondió: “Regresen e informen a Juan lo que han visto y oído. Los ciegos, ven. Los cojos, caminan. Los leprosos están limpios. Los sordos, oyen. Los muertos son resucitados. Y a los pobres se les ha predicado el evangelio. Y bienaventurado es el que no se escandaliza de mí" (Lc 7, 22-23).
En primer lugar, Jesús le explica a Juan que está haciendo lo que vino a hacer. Nada ha cambiado en el plan redentor. Las señales milagrosas están realizándose y el evangelio se está predicando. En segundo lugar, Jesús lo exhorta a no encontrar tropiezo en la forma en que está llevando a cabo la obra de redención: “Bienaventurado es el que no se escandaliza de mí”. ¿Qué significan esas palabras? Bienaventurado el que comprende que debemos confiar en el corazón de Dios cuando no podemos comprender su mano. Bienaventurado el que sigue creyendo, pase lo que pase. Bienaventurado el que permite que Dios sea Dios.
En otras palabras, Jesús está diciendo: “Regresen y cuéntenle a Juan sobre estas evidencias que han visto con sus propios ojos, que autentican Mi afirmación de ser el único Hijo de Dios y esto renovará su confianza y reforzará su fe." Pero también le pide que crea.
A pesar de sus debilidades, Jesucristo dijo de Juan: “Entre los nacidos de mujer, no hay nadie mayor que Juan” (Lc 7, 28). Y dijo estas palabras después de recibir las preguntas de Juan. Esto nos dice que en nuestros momentos más oscuros de duda, el Señor no nos descalifica. Cuando tenemos preguntas, inquietudes y dudas, Dios no se lo toma a mal. Él quiere dialogar con nosotros. El quiere honestidad y desea mantenernos a Su lado.
¿No has sentido esa necesidad de buscar evidencias? Tampoco te preocupes, es igual de loable tu fe.
Existen también santos que han experimentado dudas, pero se han apoyado en la fe misma para salir de ellas, sin recurrir a tratar de obtener “respuestas”, por ejemplo, Santa Teresa de Calcuta. Ella siempre dio la imagen de ser alguien que nunca flaqueó ni dudó. Sin embargo, lo hizo, muchas veces.
Ella vivió en un estado de dolor espiritual profundo y permanente, lleno de constantes dudas. Sin embargo, aunque dudaba de Dios, nunca compartió esa duda con aquellos a quienes estaba atendiendo; ella siempre los condujo a Dios. El padre Kolodiejchuk, quien reunió las cartas de la Madre Teresa como parte de su proceso de postulación para su beatificación y canonización, y quien luego publicó un libro de ellas, (el cual puedes encontrar en Libros DIEC con el título Ven, Sé mi luz) declaró: “Su determinación de no rechazarle nada a Dios, le permitió manifestar a través de ella Su amor por cada individuo. Fue la luz y el amor de Jesús mismo lo que irradió de ella".
Es perfectamente normal tener períodos espiritualmente sombríos. De hecho, San Juan de la Cruz en el siglo XVI acuñó el término "noche oscura del alma” para describir una etapa característica en el crecimiento espiritual. La “noche oscura” de la Madre Teresa puede ser el más extenso de estos casos. Sin embargo, el padre Kolodiejchuk lo describe como una oscuridad dentro de la fe.
La Madre Teresa encontró formas de vivir con ello y no abandonó su creencia ni su trabajo. El P. Kolodiejchuk produjo el libro como prueba de la perseverancia llena de fe de Santa Teresa de Calcuta, la cual él ve como su acto espiritual más heroico. Ella siguió adelante porque hizo un voto a Dios y lo cumpliría. Con esto, nos dice que aunque no escuchemos, sintamos o veamos a Dios en nuestras vidas, nunca debemos dejar de creer en Él y hacer Su voluntad. Siempre debemos recordar que Él tiene una razón para todo.
La fe nunca exige una respuesta a cada pregunta, pero se cimienta en la promesa y la valentía para seguir adelante, a veces reconociendo: "No lo sé todo, pero sé lo suficiente para continuar en este camino hacia Ti."
“No aceptes como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptes como amor nada que carezca de verdad. El uno sin la otra se convierte en una mentira destructora.” - Santa Teresa Benedictina de la Cruz
Como la mayoría de nosotros sabemos por experiencia, la duda no es una ocurrencia única. Sucederá repetidamente a lo largo de nuestra vida, pero eso es realmente algo bueno. Las dudas que ocurren constantemente ayudan a refrescar nuestra fe. Y cuando surjan dudas, no las manejes con alto escepticismo; abórdalas con grandes esperanzas. Esto dejará tu corazón más dócil y abierto a respuestas. “Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes. Hagan todo con amor.” (1 Cor 16, 13-14).
Cuando en nuestra vida diaria nos surge alguna pregunta lo más lógico es ir a la fuente de la información. Aquí igual, si tenemos dudas sobre quién es Dios y cómo es nuestra relación con Él, lo más obvio sería hacerle llegar estas inquietudes directamente. Quizás no lo sientas muy cerca en ese momento o, como se dijo antes, te sientas culpable por dudar de Él. Tal vez las preguntas son tan abrumadoras que ni siquiera sabes cómo orar o qué decir. Pero hay que intentarlo de todos modos.
Si las palabras se nos escapan, podemos comenzar tomando prestadas las del hombre que buscó la curación de Jesús para su hijo: “Señor, creo; ayúdame en mi incredulidad” (Mc 9, 24). Aún en la duda, necesitamos de Su ayuda y de Su gracia para obtener sabiduría y entendimiento, y así infundir paz a nuestro corazón.
La fe es un fruto del Espíritu Santo que viene cuando elegimos creer, cuando Lo buscamos y nos aferramos a Él. Oremos para que nos ayude a no tropezar cuando Su voluntad es diferente a lo que esperamos. Sus planes, aunque a veces no podamos entenderlos, siempre son mejores que los nuestros, y la cruz es la mayor prueba de ello. Cuando surjan las dudas, pide más gracia, ten esperanza, sé paciente y sigue buscando, pero buscando en la manera en la que crezcas en amor.
Te dejo una pequeña petición de fe que puedes utilizar en tu oración:
Dios, abre mis ojos, no para ver el mundo más claramente, sino para verte a Ti. Abre mis ojos para verte trabajando en lo que me rodea y en mí. Que me apoye en Ti en las buenas y en las malas, Tú guías mi vida. Permíteme ver Tu mano en lo mundano y en lo fantástico. Ayúdame a confiar en lo que no puedo ver y creer siempre en Ti. Amén.
T X T J