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Nuestro anhelo más profundo

Autor: Carolina Rada - Categoría: General - 6 min.

El corazón del ser humano tiene un anhelo profundo, un deseo de felicidad, que es también un deseo de amor. En eso concordamos todos, todas las personas queremos ser felices. Consciente o inconscientemente, todo lo que hacemos o no hacemos es buscando ese fin. Y aunque seamos felices, nunca estamos completamente satisfechos, siempre nuestro corazón desea algo más, busca más plenitud.

Todos tenemos sueños, inquietudes, necesidades y deseos profundos. Buscamos y buscamos el amor verdadero, compañía fiel, cariño incondicional, y aunque sí se puede encontrar, descubrimos que nadie es perfecto ni puede llenar este deseo al cien; queremos ser felices con nosotros mismos y nuestra vida, pero nos invaden las preocupaciones, miedos o problemas pequeños y grandes, los vicios…; buscamos el éxito, los logros, el reconocimiento, cumplir nuestros sueños más locos, pero nada nos satisface, nada nos llena por completo.

Nuestro corazón fue hecho para amar y ser amado, y nunca estamos satisfechos, pues nadie nos puede amar incondicionalmente, ni si quiera nosotros mismos, y fallamos tanto al intentar amar.

¿Cómo satisfacer ese deseo y necesidad de felicidad y de amor? Los últimos meses Dios ha sacudido mi corazón con un tema tan especial, viejo y nuevo, sencillo y profundísimo al mismo tiempo. Te comparto 3 ideas que quizás respondan a esta pregunta:

1.  “ÉL NOS AMÓ PRIMERO”.

Saber, meditar y creer la verdad más importante y trascendental de toda nuestra fe, la más conocida, pero también muchas veces la más difícil de comprender y aceptar: DIOS NOS AMA. ¿Te la crees? Es tan difícil a veces comprender que Dios nos ama, y que no importa que hagamos, su amor no cambia, es un don, no un premio que ganar. Puedes llevar años dentro de la Iglesia y no haber tenido un encuentro personal con el amor de Dios, y aunque sí lo hayamos tenido, a veces puede ser tan difícil aceptarlo y recordarlo constantemente.

¡Cuánto cambiaría nuestra vida, si creyéramos esta verdad completamente! Pues, ¿cómo resistirnos a su amor? ¡Amor tan personal, perfecto, eterno, incondicional, lleno de misericordia, amor que busca que yo sea feliz, estando en sus brazos! Él solo quiere que volvamos a descansar en él, en la alegría de ser amados, y permanecer así hasta la eternidad. Si no has tenido ese encuentro personal con el amor de Dios, pídele que te lo conceda, ¡estoy segura la hará!

Dios ha puesto el deseo de felicidad en el corazón del hombre con el fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer (Catecismo de la Iglesia Católica, 1718). Solo Dios puede satisfacer nuestro deseo y necesidad de amor.

2. CREADOS PARA EL AMOR (DIOS).

Fuimos creados por Dios y para Dios. Y si “Dios es amor” (1 Jn 4,8), fuimos creados por amor y para el amor. 

Entonces nuestra vocación y fin es amar. Sí, Dios nos ama, ¡y nos invita a corresponderlo! ¿Amar a quién? A Él, a mí mismo y al prójimo. Por eso es el mandamiento más grande. ¿Te has puesto a pensar todo lo que este mandamiento implica? Engloba todo.

Algo que meditaba últimamente, y más en los Ejercicios Espirituales Ignacianos que viví el fin de semana pasado, es que Dios nos pide amarlo solo a Él, permanecer en su amor. Hay tantas formas en las que no lo amamos en primer lugar, tantas cosas que preferimos antes que a Él y su voluntad, tantas formas en las que buscamos saciar nuestros anhelos sin Él.

Te invito a reflexionar en todas las formas en que fallamos en amar a Dios: puede ser sencillamente cuando no cumplimos los mandamientos, al no dedicarle nuestro tiempo en la oración y servicio, cuando confiamos más en nosotros mismos que en él, cuando confiamos más en las personas que en él, y todas las faltas “pequeñas” de amor que, aunque pueden no ser pecados, poco a poco nos alejan de la santidad.

Y ¿por qué vale la pena luchar por darle el primer lugar a Dios? Porque amándolo a Él, siguiendo su voluntad en cada pequeño detalle, Él ordena y purifica el amor a mí misma, el amor con que yo amo a los demás, y el amor con que intento hacer todas las cosas diariamente. Y así me llena.

“¿Cómo es, Señor que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti” (San Agustín, conf. 10, 20.29)

3.  AMAR PARA SER FELICES

Mi corazón arde, anhela amar. Dios me llama a amar, a amar en plenitud, a amar como Él ama, hasta el extremo, entregando la vida. Y esto implica morir a mí misma, renunciar a mi egoísmo y orgullo.

Amar como Dios nos ama es el camino de santidad. Un camino de aprendizaje que dura toda nuestra vida, y que mucho depende de dejar que su gracia nos transforme. ¡Todo lo que hacemos puede ser con amor! Y qué felicidad tan plena se encuentra en el amor.

Por último, 4 tips importantes:

  1. Atrévete a dedicar un tiempo a Dios en la oración diariamente. Es cultivando esa relación personal con él que podremos profundizar en su amor (amarlo y dejarnos amar), y en donde él transformará nuestro corazón poco a poco, para poder amar más y mejor.
  2. Medita (y practica) las bienaventuranzas, son una guía para purificar nuestro corazón y buscar el amor de Dios por encima de todo.
  3. Pregúntale a Dios todas las mañanas: ¿cómo / en qué / a quién quieres que ame hoy? Estoy segura te mostrará más de una oportunidad de amar en tu día.
  4. Recuerda que nuestro fin es amar: entregándonos a Dios, el amor puesto en obras en el servicio; amar en la escuela, en el trabajo, a la familia, amigos, y a todo quien nos necesite.

Termino con esto: Mi corazón, como el tuyo, se emociona, se inquieta con tantas cosas, ANHELO SER AMADA Y AMAR, SER FELIZ, y nada me satisface ni da más plenitud que saberme amada por Dios (lo necesito, pues solo el ama incondicionalmente), y de intentar, con su gracia, amar como el me ama a mí.

Amo esta frase de San Juan Pablo II: "El amor me lo explicó todo". Y sí. Dios, el amor, le da significado a nuestra vida, nos explica de dónde venimos, para qué vivimos y hacia dónde vamos. Vengo del amor, vivo para amar y para Dios, y voy hacia el amor eterno que es Dios mismo. Yo he encontrado el sentido de mi vida en en el amor, espero tu también lo puedas encontrar y creer.

Vivo para amarte, servirte y darte gloria, Señor. Te doy gloria en la medida en que amo, y a cambio me ofreces la mayor de las alegrías, que permanece a pesar de cualquier problema o sufrimiento, en la certeza de saberme amada por ti. ¡Qué bueno eres!

Te comparto las siguientes citas, libros y un video que me ayudaron a profundizar en esto:

  • 1 Jn 4, 7-21
  • Jn 15, 9-14
  • “Redescubre el catolicismo” y “Vuelve a descubrir a Jesús” de Matthew Kelly
  • God's Love Poured Out // The Wild Goose - Segment #1: https://www.youtube.com/watch?v=bzNhIvGuEIQ
  • Enseñanzas de la Teología del Cuerpo

Publicado: 18/09/2019


Acerca del Autor

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Carolina Rada

Formadora de DIEC Fuego
Aprendiendo a amar más y mejor cada día.
¡Todo por ti Jesús!
La Inmaculada nunca falla.

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